Desde la ventana de mi pequeña habitación, observo con desgano y sueño la nueva torre de lo que será el nuevo hotel “Westin Libertador”. Erguida como un centinela en guardia y con el porte de una esbelta modelo de pasarela, me saluda sobrada.
Desvío la mirada de su tentadora escala, y veo los techos de casas continuas a las mías. Los gatos que se persiguen correteando entre ellas, cuál niños jugando en el parque, me sacan una risita que recorre la memoria de mi infancia.
Volteo mi rostro para ver que hay debajo de la copa de los árboles. Sonrío. Nuevamente me fijo en las personas que caminan aceleradas. Viven ensimismadas en su día a día, y me siento como un espía. Yo los veo, analizo y hasta me burlo de ellos, pero ellos no me ven.
El sol crece en el cielo y me causa una ligera ceguera. El cielo se resplandece y pierdo la pereza. Con los ojos entre abiertos veo como el sol alumbra el anuncio de telefónica, y ante el vaivén del cielo iluminado, soy feliz.


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